No es oro todo lo que reluce

Es lógico, muchas veces caemos en la tentación de estar a la última y pensamos: “Vamos a utilizar la oficina como soporte de nuestra comunicación”. Ponemos una gran lona con mensaje en la fachada, replicamos la campaña de publicidad en los ascensores o realizamos una ferviente campaña de relaciones humanas junto a la máquina del café.

Todo esto está muy bien pero no es una campaña de Brand Container. Nos estamos dejando atrás lo más importante, la estrategia. El saber qué queremos hacer con nuestra marca y cómo  conseguirlo. Es cierto que todas las empresas, por el hecho de serlo y de tener un espacio de trabajo para desempeñar su labor, son susceptibles de convertirse en un Brand Container para los valores de su marca.

Pero no menos cierto es que hay que hay que tener unos objetivos claros de lo que queremos conseguir, una visión a medio plazo que nos permita multiplicar el potencial de comunicación de nuestro espacio y, lo más importante, ser capaces de analizar los resultados para poder actuar en consecuencia.

El BC nos permite optimizar los valores de la marca en nuestros espacios de trabajo pero siempre bajo la tutela de una estrategia bien planificada y ejecutada. No existen atajos para el éxito.